lunes, 6 de octubre de 2014

¿Por qué no me puedo ir?

No sé por qué estoy aquí. No hice nada malo. No lo volveré a repetir, aquello que hiciera, te lo juro, por favor, por qué no me puedo ir, con quién tengo que hablar. Protesto en bajito, y ahora en alto, pero tú me miras con desprecio. ¿Cómo puedo agradarte y complacerte para que me dejes marchar? Ansío cuando llegas y luego siempre es nada, no me das nada y eres tú quien tiene la clave. ¿Qué juez tiene que venir? ¿Por qué un juez me retiene? ¿Quién gestiona mi dinero? Sólo estuve con un hombre malo... y fue hace tanto que ni me acuerdo. Aunque ésta cicatriz de la pierna, mírala, la de debajo de la rodilla... ésta me lo recuerda todos los días. Y quiero buscarle, en secreto. Ésto no te lo digo en alto, estoy lo digo para mí. Pero oye, si yo estoy bien. Estas mujeres son viejas, yo todavía no. Y ésta esta loca, yo todavía no. Entonces por qué me miras con desprecio, porque ni te sientas ya a hablarme. Soy parte de esa masa informe, deforme, de seres que perece cada día aquí. Dentro de poco ya no seré visible. Ya he bajado la voz. Esta chica más joven, la loca, todavía me ayuda a despertarme, aunque a veces la quiero matar, pero está viva, y me acerco a su lado para que se me pegue la viveza. Mejor loca que muerta. Me dices que no sé cuidar de mí misma pero prefiero dormir sangrando en un portal de la calle que tu mirada incomodada atravesándome como si fuera transparente, bajo este tejado, indemne.

Por favor, por qué no me puedo ir.

sábado, 19 de julio de 2014

Lo incorrecto

Querer a alguien no correcto, no por lo incorrecto de su personalidad, no por el tópico del ser humano dañino... sino porque no se da por supuesto que le tengas que querer. Y querer a muchas personas así, de manera que sientes pena, PENA, no otra palabra sino PENA, cuando sabes que nunca más os encontrareis en la intimidad de esa habitación... Querer a alguien no correcto, es también correcto.

domingo, 22 de junio de 2014

Catatonía

Un movimiento imperceptible al ojo humano y no humano eleva el vientre respondiendo a un empuje interno, pero ella no sabe qué hacer con él. No transmite vibración al resto de células perezosas. Monosilábicamente grita para dentro de su cavidad interior órdenes de reacción. Nadie escucha. Nada escucha. Afuera no hay nadie a quién advertir de este terror que sienten sus tejidos y que los convierte en rígidos pero frágiles, como el cristal. Prefiere romperse a la quietud hueca, pero no adivina nada que alcanzar y sí mucho de qué huir. Espera en silencio un movimiento.

miércoles, 18 de junio de 2014

Me gusta el lápiz con el que escribes, no otro, sino el tuyo, el que agarras con los dedos índice, anular y pulgar porque no te dio la gana usar el corazón, y te endurece el callo del extremo que está abultado y amarillo, sobre todo cuando aprietas fuerte la madera de este lápiz para no dejar escapar las palabras que se agolpan y las líneas que conforman el grabado sobre el papel blanco que recibe cada miligramo de grafito negro brillante que huele a tu colegio y no otro, sino el tuyo.





domingo, 8 de junio de 2014

Yendo siempre hacia el Este te encuentras con una marea constante con corrientes invisibles pero de una fortaleza descomunal que acompaña a millones de seres que viajan a través del planeta. 
Yendo siempre hacia el Oeste te encuentras una tierra árida y humeante, extraña y ajena, misteriosa, exasperante, casi audible desde tu posición.
Yendo al Sur el calor.
Yendo al Norte el frío. 
Y aquí te escondes, encerrado en tu dilema que parece eterno, preguntándote qué pasa si no pasa nada. Qué ocurre si nada se mueve y todo permanece en esta niebla espesa, onírica, yerma.

martes, 15 de abril de 2014

El escenario y el actor

El escenario hace a un actor que ansía una obra.

En una playa desierta, aparece el náufrago
En una gran ciudad, aparece el hombre de negocios
En un campo de tenis, aparece Nadal
En una fiesta, aparece el gracioso bailarín
En un funeral, aparece el doliente
En una familia, aparece el poneplatos
En una pareja, aparecen todos alternando

Sin escenario, el actor que ansía aparece
preocupado
escrutando las millones de pupilas dirigidas hacia él
intentando encontrar una pista de lo que esperan que sea
olvidando
quien es.

sábado, 29 de marzo de 2014

En boca cerrada no entran moscas

En boca cerrada no entran moscas...y ya todo esta dicho. A callar, tú qué tienes que opinar, quién eres tú para decir, qué sabes tú.

A ti quién te ha dado vela en este entierro... Ésto no va contigo aunque estés aquí, tu cuerpo atrapado en esta situación perenne, secuestrado y sin opción. Quién te ha dado vela.

Y tú, cuídate de repetir o todo será destruido y será tu culpa. Tú serás esa gota poderosa que colma vasos por doquier.



miércoles, 1 de enero de 2014

Tiempo de gelatina

La casa de tu infancia tiene una peculiaridad que no percibes hasta que te marchas. Puede que esa peculiaridad no emerja hasta que te vas.

La casa de tu infancia mantiene un tiempo gelatinoso y desigual. El fluir de la vida diaria es ligero y corriente, liviano y leve. A veces se congela cuando la temperatura de tu vida cae por debajo de los cero. Puede que su transparencia se opaque cuando es mejor no traslucir. Pero el constante torrente es más o menos paralelo a otros, recibe y emana según necesidad y escenario.

El tiempo de tu casa es gelatinoso. Se cuela y completa cada hueco entre los muebles recubriendo aristas y limando imperfecciones. Rodea al visitante que retorna introduciéndose impúdicamente en los poros de su piel. El visitante duda si ralentizar su ritmo cardíaco para acompasarlo a la respiración de este tiempo blando, o bien arriegarse a buscar el oxígeno mediante bocanadas disimuladas, no vaya a ser que se note tu inspiración exigente y el tiempo se acelere para entrar.

El tiempo de tu casa transcurre de otra manera. Es pesado, denso. Y sin embargo no logra rellenar los pliegues de las arrugas de tu madre, que no son capaces de mentir.