lunes, 6 de octubre de 2014
¿Por qué no me puedo ir?
Por favor, por qué no me puedo ir.
sábado, 19 de julio de 2014
Lo incorrecto
domingo, 22 de junio de 2014
Catatonía
miércoles, 18 de junio de 2014
domingo, 8 de junio de 2014
martes, 15 de abril de 2014
El escenario y el actor
En una playa desierta, aparece el náufrago
En una gran ciudad, aparece el hombre de negocios
En un campo de tenis, aparece Nadal
En una fiesta, aparece el gracioso bailarín
En un funeral, aparece el doliente
En una familia, aparece el poneplatos
En una pareja, aparecen todos alternando
Sin escenario, el actor que ansía aparece
preocupado
escrutando las millones de pupilas dirigidas hacia él
intentando encontrar una pista de lo que esperan que sea
olvidando
quien es.
sábado, 29 de marzo de 2014
En boca cerrada no entran moscas
A ti quién te ha dado vela en este entierro... Ésto no va contigo aunque estés aquí, tu cuerpo atrapado en esta situación perenne, secuestrado y sin opción. Quién te ha dado vela.
Y tú, cuídate de repetir o todo será destruido y será tu culpa. Tú serás esa gota poderosa que colma vasos por doquier.
sábado, 8 de febrero de 2014
domingo, 19 de enero de 2014
miércoles, 1 de enero de 2014
Tiempo de gelatina
La casa de tu infancia tiene una peculiaridad que no percibes hasta que te marchas. Puede que esa peculiaridad no emerja hasta que te vas.
La casa de tu infancia mantiene un tiempo gelatinoso y desigual. El fluir de la vida diaria es ligero y corriente, liviano y leve. A veces se congela cuando la temperatura de tu vida cae por debajo de los cero. Puede que su transparencia se opaque cuando es mejor no traslucir. Pero el constante torrente es más o menos paralelo a otros, recibe y emana según necesidad y escenario.
El tiempo de tu casa es gelatinoso. Se cuela y completa cada hueco entre los muebles recubriendo aristas y limando imperfecciones. Rodea al visitante que retorna introduciéndose impúdicamente en los poros de su piel. El visitante duda si ralentizar su ritmo cardíaco para acompasarlo a la respiración de este tiempo blando, o bien arriegarse a buscar el oxígeno mediante bocanadas disimuladas, no vaya a ser que se note tu inspiración exigente y el tiempo se acelere para entrar.
El tiempo de tu casa transcurre de otra manera. Es pesado, denso. Y sin embargo no logra rellenar los pliegues de las arrugas de tu madre, que no son capaces de mentir.

