He oído que nacemos con una cantidad de muerte. Aquí dentro. En la barriga. Una cantidad que no depende de. Es. Y está. No se acerca sigilosa porque ya se hallaba.
Diferente cantidad para cada cual. Una suerte de reparto.
Hay personas que la llevan pero no la sienten nunca.
Algunos dicen sentirla pero mienten.
Unos pocos no pueden dejar de sentirla suave e incesantemente. Como un zumbido que hace de coro de tu vida.
He oído que algunos son embestidos por ella. Sin previo aviso. En una arcada emerge estrepitosa para envolver el cuerpo del portador. Es dolorosa y también placentera pues completa cada poro de la piel, abriga, rellena de dolor.