domingo, 8 de junio de 2014

Yendo siempre hacia el Este te encuentras con una marea constante con corrientes invisibles pero de una fortaleza descomunal que acompaña a millones de seres que viajan a través del planeta. 
Yendo siempre hacia el Oeste te encuentras una tierra árida y humeante, extraña y ajena, misteriosa, exasperante, casi audible desde tu posición.
Yendo al Sur el calor.
Yendo al Norte el frío. 
Y aquí te escondes, encerrado en tu dilema que parece eterno, preguntándote qué pasa si no pasa nada. Qué ocurre si nada se mueve y todo permanece en esta niebla espesa, onírica, yerma.

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