Yendo siempre hacia el Oeste te encuentras una tierra árida y humeante, extraña y ajena, misteriosa, exasperante, casi audible desde tu posición.
Yendo al Sur el calor.
Yendo al Norte el frío.
Y aquí te escondes, encerrado en tu dilema que parece eterno, preguntándote qué pasa si no pasa nada. Qué ocurre si nada se mueve y todo permanece en esta niebla espesa, onírica, yerma.
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